El hombre

Es difícil entender cómo logra encontrar el hombre, por medio del pensamiento, un lugar en el universo que lo dignifique. Deja atrás el conformismo que lo ha caracterizado y adormila su enorme capacidad natural.

No hay duda de que todos los hombres han caído por su ignorancia, pero esos derrumbes sirven para levantarse y buscar los caminos de la realización personal. Estos caminos se pueden definir de distintas maneras: felicidad, amor, seguridad, bienestar, cultura.
Resulta difícil para el hombre retomar el camino, pues es la marca que ha dejado su pasado, y se vuelve como un tormento para su futuro.

Debería de ser una obligación del hombre reconstruir la vida, reconociendo y tomando en cuenta, todos los ejemplos que ha padecido en la historia. Está comprometido a mirarse a sí mismo, para darse cuenta de lo sencillo que es lograr un equilibrio amoroso, y no perderse en caminos difíciles que han estado liderados por el egoísmo.
¿Para qué le sirve al hombre su presunción? Al ser conocedor de su ignorancia, intenta ser vocero de lo desconocido, sin buscar, por medio de la inteligencia, su propio bienestar. Los hombres, deberíamos entender la capacidad que poseemos para encontrar nuestro lugar en el universo, con el objeto de no perder el tiempo en pasiones infructuosas, que a ningún lugar nos lleva y que han sido parte de una cantidad importante de tristezas.

La humanidad, en general, no debería permitir que los hombres estén en contra de sí mismos y que impidan, por cualquier medio, la evolución de las magníficas cualidades que tienen. El hombre, a partir de sus capacidades, va en busca de su plena realización.
Si éste desea estar orgulloso de sí mismo, para considerarse digno de ser una de las bellezas de la creatividad de la naturaleza, debe buscar el cambio. En lugar de ser un hombre fiera, debe buscar su propio reconocimiento como un ser digno y orgulloso dentro de la naturaleza, es decir, el hombre ya no puede ser obstáculo de sí mismo.

Los hombres tienen que ejercitar las fuerzas naturales que se encuentran en su propio cuerpo: sus manos, sus ojos, sus oídos, su sensibilidad. Sin embargo, debería fortalecer el poder más importante: el pensamiento. Si el hombre se restringe a sí mismo, pierde su fuerza y sólo le queda el conformismo o la mera supervivencia. Esto sería una tragedia, lo aconsejable es que el hombre busque las mejores condiciones posibles que sus capacidades le permitan.

No es fácil negar, por medio de la ciencia, que el hombre es parte del reino animal. Lo importante para él debe ser derrotar a la fiera, para poder definir al hombre como un ser inteligente, pensante, y que lucha por su bienestar.
A pesar de todas las vicisitudes que ha padecido el hombre, a través de la historia, no cesará de combatir para tratar de entenderse con sus semejantes. Ese podría ser uno de los ejemplos que nos ha tratado de marcar la filosofía.

El hombre únicamente tiene autonomía hacia sí mismo. Su libre albedrío sólo lo podrá entender él, en forma individual. Por lo tanto, la libertad tendrá obstáculos casi insuperables, marcados por la misma sociedad. El hombre puede intentar cruzar todos los obstáculos que se le presenten, sin embargo, debe conocer, que el principal tropiezo que tiene, es su semejante.
Cada persona posee la capacidad de usar todos los recursos que la naturaleza le ha otorgado, para primeramente, conquistarse a sí mismo, y posteriormente, buscar su lugar en el amplio universo. Por eso, algunos triunfadores se aprovechan de las carencias de los demás. Sin embargo, no hay que olvidar que el mejor de los hombres es el que de alguna forma se entrega a su prójimo.

No es fácil ser un hombre de todos los tiempos, porque es delicado alcanzar los conocimientos que nos permitan ser parte de la historia. Debería ser importante tener la capacidad de explayarnos como personas de nuestro tiempo, para conocer las virtudes y los defectos de los períodos que marcan nuestras vidas.
El hombre nace con obligaciones que son complicadas de eludir, y con pocos derechos que puede ejercer. Por eso está como si tuviera clavos en sus manos, que no serían muy distintos a los que tuvo Jesús. Por tal motivo, el hombre no puede ser contrario o enemigo de sí mismo, ni merecedor de sometimientos, sin aceptar de alguna forma, que se ha hecho acreedor de sus propias debilidades. Por eso se podrían considerar indignas las pasiones que han arrastrado al hombre, y lo han cegado en contra de sus semejantes.

Al contemplar la inmensidad del universo, el hombre se hace valioso. Él es una de las grandes creaciones, y la vida debería tener solamente, como significado, un SÍ, con mayúsculas, como lo manifestó Nietzsche. Por eso, el hombre, al ser parte de la vida, se convierte en un ser maravilloso, sobre todo, cuando actúa conforme a las virtudes que nos muestra la propia naturaleza. Ésta misma, revela las posibilidades que posee el cuerpo, y en especial, el poder natural del pensamiento.

Para ser hombre, se tendrá primeramente que reconocer el deber de serlo. Sólo así se podrá justificar la manera de ser realmente hombre, aceptando, entre otras cosas, que todos somos parte integral del cosmos. Por esto, NO somos seres individuales que nos podamos valer de nosotros mismos. Debemos ser plenamente concientes que somos fragmentos de un todo que incluye a nuestros semejantes.

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