Amor de pareja

En la historia encontramos, que el concepto social más perdurable, ha sido la familia. Por esto, amar a otra persona para convivir con ella, aparentemente, parecería una de las cosas más fáciles de lograr, sin embargo, el afecto que se comparte, en realidad es un sentimiento difícil y complejo. Para ser sinceros, encontrar a nuestra media naranja es una labor extremadamente ardua.

Cualquier persona es un ser individual y diferente. Sus necesidades y circunstancias son diversas. Las percepción que cada quien adquiere de la intensidad del amor puede llegar a ser muy distinta de la del otro. Sin embargo, lo importante es el crecimiento mutuo a través del reconocimiento de las diferencias, y de la inteligencia que cada uno ponga para equilibrar ese contraste natural. Aceptar este principio nos abre muchos caminos para entender lo que es el amor compartido, y nos conduce a un mundo lleno de pequeñas o grandes distinciones que enriquecen nuestra vida.

En el amor íntimo, uno puede encontrar muchas razones por las que vale la pena vivir. El amor puede ser una escalera a aspiraciones más profundas. Sin embargo, las carencias económicas y educativas, la falta de conocimiento de uno mismo, del potencial de nuestro cuerpo y mente, nos llevan a conformarnos con una relación de pareja pasiva, apática, autómata, sin objetivos, sin capacidad de disfrutar de las bondades que hay alrededor de nosotros. Por esto, es absolutamente válido y necesario, cuestionarnos qué es lo que realmente queremos lograr al amar.

La lucha diaria por encontrarnos a nosotros mismos, pone en evidencia nuestras actitudes o carencias. Si uno realmente se ve en el espejo, se descubre lleno de deseos y de inquietudes. Resulta entonces difícil entregarnos a una vida común, sin reconocer todo lo que la mente y el corazón nos señala. Quien ama intensamente a otra persona y se siente plenamente satisfecho, ha conseguido uno de los objetivos más deseados y sublimes. Amar a una persona que nos engrandezca, sentirnos satisfechos de la convivencia y de todas las cosas que surgen de ella, es un hecho que debería ser reconocido por la sociedad.

Amar a alguien es uno de los sentimientos más hermosos. Nuestro cuerpo, alma, y corazón, vibran a un ritmo diferente. Creo que todos queremos experimentar esta emoción, porque sentimos que así impulsamos nuestro motor de vida. Siempre que se ama se reciben muchas cosas, pero también se logra que la persona amada resuelva, en cierta medida, sus carencias, generando las motivaciones que todos necesitamos para enfrentar este mundo que hemos fabricado, repleto de dificultades, pero también de oportunidades de vida, y de razones para disfrutarla.

En este mundo posmoderno, donde las relaciones se han vuelto individualistas, es cada vez más difícil encontrar parejas que encuentren un amor pleno, desde el cual encuentren ideas comunes. En nuestro interior buscamos únicamente nuestros logros, sin importar lo que suceda con las personas que decimos que amamos, y menos con la sociedad y el universo.
El individualismo crea un modo de conducta pasiva que se nutre del conformismo con las relaciones en general, y la lucha implacable para conseguir satisfactores personales. No estamos dispuestos, más que en la medida de nuestra conveniencia, a compartir los sentimientos y el crecimiento con nuestros seres amados. Habitualmente sentimos que no nos aman, porque no van de acuerdo con nuestras ideas. Cuando una persona nos falla, generalmente no razonamos los motivos que originaron la conducta, que para nosotros, no corresponde con lo que debería ser. No nos damos cuenta que cada persona ama en diferente forma, a pesar de que se pueden encontrar grandes similitudes.

El amor no es una receta médica, es una forma de vida. En cualquiera de sus géneros debe ser de fácil comprobación. Para sorpresa de nosotros mismos, muchas veces, nos encontramos con que no sentíamos amor, sino conformismo, necesidad, o cualquier otra sentimiento que, aparentemente, nos hacía felices.
El amor hacia otra persona, debe de estar lleno de actitudes claras, y en ello radica su dificultad. Esto no quiere decir que las cosas deben ser perfectas, sino que hay acciones concretas que le dan vigencia al amor. Lo que consideramos muchas veces como falta de amor, corresponde a la búsqueda de satisfactores que no se encuentran en la relación misma.

Se necesita valentía para analizar todos los motivos que dieron origen a nuestras necesidades, para afrontarlas y buscar soluciones.
Es el amor, con los vaivenes naturales de nuestra circunstancia, el camino que nos ofrece la naturaleza para entender un poco más nuestra participación con el todo. Tal vez no existan relaciones perfectas, pero posiblemente, en su imperfección, encontramos los motivos para rectificar y valorar nuestra propia vida. Cuando uno logra crecer y ve que el ser amado también lo ha logrado, entonces es cuando realmente podemos hablar de amor. Creo firmemente que los seres humanos encontraremos caminos más acordes con nuestra naturaleza, es decir, con el todo universal, en el que reconozcamos que la vida vale la pena, y más, si somos capaces de dar amor y de recibirlo en la misma forma.

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