El presente ensayo trata sobre la constitución de nuestros valores y de la posibilidad del respeto por los hombres.  Lo que quiero demostrar es que el mal no sólo se fundamenta en la interiorización de una lógica específica que históricamente ha traído consecuencias desastrosas, también se muestra en la creciente y ya casi natural cultura de la avaricia. Los posibles surgimientos son múltiples, pero antes de introducirnos en los oscuros lugares a los que nos llevaría la búsqueda de ese fundamento, me interesa dejar claro mi objeto de estudio. En este trabajo investigaré, junto con ustedes, cuáles son los efectos que se han originado entre los hombres a partir de la pérdida del respeto a los demás, es decir, a partir de la renuncia a principios axiológicos establecidos.

Hemos visto como muchos autores han renunciado al intento por explicar las características primordiales del pensamiento posmoderno (sabemos que la razón de esto se debe a la desafortunada capacidad que los historiadores han enfrentado para hacerlo), pero quizá el error primordial sea que no han caído en la cuenta de que la posmodernidad sugiere un cambio de modelo para pensar. Ya no podemos introducir a los problemas que nos rodean a un molde específico y pretender que desde allí se expliquen sus características más finas e íntimas. Nuestros tiempos exigen tratarlos de forma singular debido a que los entendemos como el resultado de las relaciones de un contexto específico y como aquello que se ejerce por individuos concretos, lo que indica que nuestros problemas no únicamente se heredan, sino que son consecuencias específicas que nos afectan de tal o cual forma.

No es extraño afirmar –en nuestro contexto intelectual– que ciertas costumbres, leyes y tradiciones que durante mucho tiempo parecían naturales (quizá por contar con el respaldo de la religión) ya no tengan la misma fuerza con la que contaban. Hay algunos otros elementos que han ofrendado su aportación a estas rupturas. Los elementos que constituyen esta crisis axiológica y entre los que podemos palpar están: la crisis de la Verdad (con mayúscula), la crisis del hombre, la muerte de Dios, la búsqueda y el ejercicio del poder, la banalización del mal, la falta de atención filosófica a las cuestiones afectivas, la sobrevaloración del dinero y de la moda, la construcción de la estética del yo, la explotación del trabajador, la indiferencia, y la falta de categorías que expliquen estos fenómenos desde el contexto en el que se encuentran. Éstos son algunos de los elementos principales que caracterizan, a mi juicio, esta crisis axiológica de la que venimos hablando.

Dirigirse a las causas: por eso es que debemos analizar fuertemente cuáles son los elementos que han determinado el momento de crisis en el que nos encontramos; al hacerlo, debemos encontrar mecanismos que valoren moralmente lo que éstos ocasionan para entonces proceder a la acción y a la práctica. ¿Por qué es necesaria una valoración moral? Porque ella evitaría cualquier esencialismo, al analizar las consecuencias de esos actos. Me parece que gran parte de los males que ocasionamos a diario provienen de la crisis axiológica en la que estamos atascados. Debemos encontrar el fundamento de esa crisis para intentar superarla, o por principio, para hacernos cargo de ella.

Hay que optar por una reconsideración axiológica porque:

  • La moral es el mecanismo que nos puede ayudar para resistirnos ante la presencia del mal.
  • Sin un elemento regulatorio –como la moral– las naciones estarán obligadas a colapsar, debido a la acumulación de intereses personales.
  • Acumular problemas que nos afectan conduce necesariamente a un colapso, estos efectos son palpables en fenómenos como: la ruina económica, el desmoronamiento social y la catástrofe política.

Pérdida de valores:

La ingratitud e insignificancia, la renuncia, en la que el hombre contemporáneo se ha sumergido; lo ha llevado a perder todo tipo de valores que lo detengan de los excesos que frecuentemente comete, esto tiene su origen en nuestras prácticas y éstas están dominadas por la lógica de los discursos hegemónicos que las distribuyen para ser consumidas.

¿Qué hacer ante este reto (la pérdida de valores)?:

 Este momento de crisis es la oportunidad y el momento para entrar en acción; filosóficamente, podemos partir de lo que conocemos como un nihilismo responsable, el cual supone que aun cuando no hay estrategias que nos puedan ayudar a sentirnos seguros a través de un sistema de conocimiento, el hombre se ve obligado a la producción de estados sociales que sirvan para las relaciones interpersonales.

Estrategias de convivencia, acuerdos comunes:

 Debemos buscar acuerdos comunes que vinculen los valores de las diferentes sociedades, acuerdos que tendrán que respetar las necesidades y los principios de cada sociedad e individuo, y estos acuerdos sólo se logran por el diálogo, pero en este caso, habrá que dialogar a partir de las leyes que a cada cual orientan en un entorno de respeto mutuo, donde se excluya a la mentira.

Ejercicio del nihilismo responsable:

 Esto es posible cuando nos enfrentemos radicalmente a la instancia donde el mal aterriza en el mundo, es decir, esto es posible cuando nos tomemos en serio lo que supone la mentira entre los hombres.

¿Qué es la mentira? Análisis singular de la mentira:

Por supuesto que no siempre se miente para hacer daño, también se miente para ayudar o socorrer a alguien, pero lo que nos interesa es observar que muchos de los males de mayor envergadura en la historia de la humanidad provienen de las mentiras preparadas con anterioridad, y lo más vil de mentir así es que se abusa de aquellos que se exponen sinceramente para con los otros.

Preparar la forma a través de la cual se sacará provecho del otro no es otra cosa que el interés por sí mismo y la indiferencia para con los demás. Solipsismo radical, la estructura misma de la guerra. Ganar a cualquier precio para salir victorioso por encima de aquel que se ponga frente u obstruya el camino, aun cuando no haya argumentos o razones para ejercer maldad, no es más que la realización del mal por el mal. El egoísmo de la mentira afecta directamente a los hombres y a sus formas de habitar el mundo, es allí donde se da la destrucción de la armonía entre los hombres y su entorno.

Nietzsche criticará al humanismo cuando pone sus bases en el bien, en la moral y en todo aquello que se ha institucionalizado como lo correcto para el hombre. En el terreno que se prepara esa supuesta «bondad» se afianza el poder que la Iglesia toma sobre la psique de los hombres. Se tiene que ser «bueno» a partir de la definición religiosa de lo que es «bueno», como si no existiesen otras formas para lograr efectos similares o como si sólo se pudiera ser «bueno» a la sombra de la institución religiosa.

Es necesaria una ética que no pertenezca a la institución religiosa:

Un tipo específico de ética para nosotros: Esta ética tendrá que aparecer como una disposición personal en tanto que es inesperada, para no institucionalizarse, para no burocratizarla, para que no exista posibilidad de anticipación y afirmar que cuando demostramos que hacemos algo por los demás, en realidad no lo hacemos por nosotros, que pues esperamos algo a cambio.

Esta ética solo es posible a partir de la confianza.

Ética y confianza: Esta ética es posible cuando estamos ante la presencia irrenunciable del otro referido a una confianza; intenta llevarnos a una transvaloración, donde dejemos de entendernos como un yo ensimismado que acude a sí para fundamentar racionalmente su existencia (Descartes), abandonar la imagen donde se reconcilian las diferencias en una subjetividad absoluta (Hegel). Si traicionamos a los hombres que confían en nosotros cuando nos escuchan o hablan, no sólo rompemos con los valores de la vida humana ocupados de mantener en paz las relaciones sociales, rompemos con toda posibilidad de diálogo pretérito y le regalamos a los demás un puñado de sentimientos de rencor, odio y venganza que se extienden a lugares y momentos insospechados.

La ética es necesaria, una ética que fundamente que las relaciones responsables sólo se pueden dar a través del respeto por los acuerdos comunes. Debemos buscar que las sociedades del mundo puedan progresar moralmente, instaurar el bienestar como condición de toda relación posible.

Para lograr esto es necesario recuperar el sentido mismo de las utopías y ponernos frente al problema del mal. Es necesario pensar que la ética no es una utopía, sino que es el intento de salvar al mundo de su destrucción. Hay que divulgar y promocionar los valores de la sociedad actual, que únicamente es posible mostrando puntos de comunión entre los diferentes actores de toda sociedad.

Análisis filosófico de lo que constituye la ética, una ética lista para enfrentar esta crisis:

La ética es una doctrina que pertenece tanto al orden teológico como al filosófico. Pertenece al primero porque se encarga de mantener contacto con dos entidades o más, es decir, la ética testimonia el ejercicio teológico del diálogo y la apertura. Pero también pertenece al orden de la filosofía, no sólo porque la filosofía pueda explicar lo que ella supone, pensada radicalmente y desde la otra perspectiva, sino porque la ética es necesaria para todo ejercicio filosófico que tenga pretensiones objetivas.

La ética instaura la escucha. Es el problema filosófico por excelencia. Sólo pensemos en la libertad de los hombres por evitar escucharnos, es decir, que ante cualquier explicación o problema de la filosofía, la ética levanta su voz cuando sabemos que nadie está «obligado» a escuchar atentamente al otro, incluso, ni siquiera a escucharlo.

Soluciones:

Sólo a través del respeto por las diferencias el hombre estará listo para asumir que ningún credo es pretexto de separación o aislamiento, sino la oportunidad perfecta para abrirse éticamente al mundo. La ética que proponemos no es dogmática, supone una disposición personal por asumir el respeto entre los hombres. Esta ética evita la institucionalización de cualquiera de nuestros actos.

Es una ética que nos invita a ser un humano que piensa y no un momento de la estructura que deviene totalmente, implica entre muchas cosas, tener el poder de crear una ética responsable. Una ética con reglas universales no sería viable cuando nos tomamos en serio la singularidad de cada sujeto, pues únicamente funcionaría al reducirlos a un sólo recipiente, y en ese momento, dicha propuesta se convertiría en un nueva dogma.

Conclusiones:

  1. El respeto que se da en las interacciones funda una ética de la responsabilidad.
  2. La ética es respeto y, por lo tanto, no es representación o poder sobre los otros.
  3. Éticamente el yo y el tú no se encuentran separados y no están obligados a una institución, pero desean que la relación se dé, y en ello consiste el respeto.
  4. Por todo esto, no es utópico asumir la posibilidad de una ética global cuando ésta no pretende solucionar directamente los problemas mundiales, ya que su pretensión es la de construir una base moral que indique un mejor orden individual que se refleje globalmente.
  5. Debemos empezar por nosotros mismos para ofrecerle a los demás una mejor calidad de vida, con sueldos mejor pagados y con secretos menos guardados, pero que nunca provoquen el egoísmo y la reproducción del mal.
  6. Debemos encontrar valores que sustenten a la humanidad en su intrínseca heterogeneidad, es decir, que estén basados en consensos básicos que vinculen a los hombres en criterios que no puedan ser alterados, en actitudes morales que sean respetadas por todos y experimentadas, a su vez, de buena manera.
  7. Es imperativo cuidarnos porque el mundo está a punto de ser destruido por nosotros mismos.
  8. Si el mal ha sido originado por el hombre, no es utópico pensar que él pueda originar el bien para la humanidad.

Glosario:

Responsabilidad:

  1. La responsabilidad es respeto y afirmación de la lejanía de lo otro que se intenta pensar.
  1. Las relaciones crean acontecimientos reales irrenunciables que, por ello, exigen responsabilidad.
  2. La verdadera responsabilidad exige abandonarnos como el centro de las relaciones humanas.
  3. Sólo la responsabilidad apunta al respeto por el otro y a hacerle menos daño a un mundo que compartimos y que quedará después de haber partido de aquí.
  4. La responsabilidad exige crear formas propias de conservación y respeto; invita a la creación, a que cada uno «produzca» lo que conviene al entorno y a los que nos rodean, y eso supone más que ser libre para pensar.
  5. Una responsabilidad que afirma la contingencia no tiene espacios para pensar que el mundo puede estar mejor de la noche a la mañana a través de nuevas teorías, su propósito es separarse del egoísmo interiorizado por la lógica clásica y saberse una existencia contingente que en cualquier momento puede ser traicionada.
  6. Ser responsable implica tener presente al Otro antes que a mí, esperar al otro antes de obligarlo a actuar de cierta manera; es entender que cada uno de ellos es diferente y que tiene necesidades concretas que provienen de su propia esfera de vida.

Respeto:

  1. Afirmar la diferencia supone afirmar el respeto que cada singularidad exige, es decir, que no hay leyes generales que puedan instituir todas las relaciones posibles entre los diferentes hombres, sus diferentes culturas, credos o preferencias sexuales.

  2. El respeto es el espacio que caracteriza la distancia entre mi propio yo como sujeto y la subjetividad de aquel que no soy yo.
  3. Sólo las relaciones donde media el respeto entre los hombres, son verdaderas porque en ellas no se cosifica al otro.
  4. Este respeto no es una regla que antecede a las relaciones, sino que surge en medio de un rostro experimentado por los hombres.

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