La sociedad moderna se encuentra alienada por modelos creados por los medios de comunicación. La sobrevaloración de la industria de la moda lo demuestra. En los excesos de la estética del cuerpo que quiere evitar la vejez, su forma, la distribución del rostro y sus ideas, se confirma. Como ejemplo paradigmático podemos pensar en muchas enfermedades que ya casi se nos hacen naturales, pero que han sido producidas por los medios masivos y por las figuras «autorizadas», por el mercado y por la sociedad «modelo». No podemos culpar a nadie por el momento, pero podríamos intentar resolver el problema.

Las causas originan efectos «reales»

Los líderes del mercado de las comunicaciones, los que manejan cualquier propuesta en las que el cuerpo interviene, tienen la responsabilidad de cuidar a sus «modelos» no sólo por lo que estos excesos puedan afectarles, sino por los efectos que esas imágenes producen en la sociedad. La pasividad de muchos televidentes es una realidad irrenunciable. La televisión podría poner a pensar a los hombres en su bienestar, de esa manera superaría la constante acusación que la afirma como modelo de alienación de las sociedades. No mirar esto nos conduciría a convertirnos en víctimas de la moda,[1] lo que apunta a la posibilidad de que nuestros hijos «copien» esos modos de vida por ser «buenos», «correctos» o porque les dará «importancia». Estamos a punto de dejar de pensar, pues seguir la corriente de lo que se «impone» supone dejar de «elegir» lo que nos interesa.

Así las cosas, esta indiferencia no sólo es el resultado de la pobreza económica, también conduce a perder la capacidad de deliberación, y de ello nadie está absuelto. Todos podemos caer en la construcción de imágenes «perfectas», es decir, en la pura artificialidad de la persona, aun cuando dentro haya constantemente efectos de soledad, negación, depresión o desinterés por la vida. El poder también se ejerce a través de la construcción de formas de pensar, de la construcción de deseos y de la reproducción de «objetos sexuales» perfectos, que denigran nuestras relaciones, nuestro matrimonio y la relación con nuestros hijos. Tenemos que darnos cuenta que el exceso es contraproducente, pues la desesperación de las clases con menos recursos podría llegar a crear daños colaterales: robos, asesinatos, secuestros o el tráfico de armas y drogas. La miseria, en gran medida, es el origen de estas atrocidades.

Pensar para ser libres, liberarnos para ser responsables

Todo lo que hacemos tiene consecuencias en el mundo y ello afecta directamente a todos. Por ello, les invito a valorar lo que nos liga radicalmente al mundo: el pensamiento, y a pensar en los efectos que traen consigo los fenómenos que han creado los mayores daños: la mentira y el poder. Los he analizado profundamente,[2] y el resultado que he obtenido es que podemos sobrellevar gran parte de estos problemas a partir de la responsabilidad. Lo que ha ayudado a mi pensamiento a abastecerse de fundamentos ha sido mi lectura de la propuesta de Hans Küng.[3] Consiste en la búsqueda de un cambio de mentalidad entre los hombres para evitar guerras y miserias, a través de la integración de las instituciones, que siguen abusando de su poder, a un medio comunitario. Para lograrlo habrá que encontrar fundamentos compatibles entre las diferentes sociedades, religiones, personas, lo que nos obliga a buscar dentro de nosotros lo humano que tenemos para partir a relaciones más saludables, donde hayan acuerdos que eviten la violencia. El mundo está en crisis, fingir que esto no existe no es responsable. Ser responsable significa estar atento a los efectos de nuestros actos, nos obliga a «hacernos cargo» de lo que pasa. Por ello, debemos buscar que las sociedades del mundo puedan progresar a través del bienestar.

El poder y la responsabilidad es un trabajo de todos

Los líderes deben dirigirse a estos problemas sin pensar en «limosnas», sino porque el mundo lo requiere. El egoísmo de los hombres nos llevará a un inminente desplome de la tierra, a un caos total, fruto de ese individualismo. Si continuamos pensando en nosotros mismos, la desesperación de los que tienen menos los obligará a levantarse y cometer daños. El mundo será inhabitable. Nuestro problema es la extinción de las relaciones humanas, resultado de la desorientación axiológica contemporánea. La paradoja es que el mismo hombre ha originado este descontento. El reto al que nos enfrentamos es global y cada uno de nosotros puede aportar un grano de arena para contrarrestar las horribles consecuencias que se avecinan. Ni la economía ni la política pueden por sí solas resolver la corrupción y el abuso de poder. Mejorar es un ejercicio que nos compete a todos. Así, las empresas, los políticos, las religiones y demás, deben prestar atención a los movimientos que incitan al respeto mutuo, ello les llevará a pensar de manera distinta y actuar mejor.

Antes de pensar en el hombre como medio para lograr mayores dividendos a nuestras empresas, habrá que pensarlo como lo que da sentido al mundo y quien puede salvarlo.

[1] Edwin Olaf, fotógrafo holandés que muestra los excesos de esta victimización contemporánea. Su exposición lleva el nombre de Fashion Victims.
[2] Consúltese mis libros Pensamiento y mesura. Ensayo sobre la relación con el Todo (Porrúa, 2006), y Los hombres y el problema de la mentira. Reconsideración de los hechizos y las máscaras de Occidente, (Diana, 2006).
[3] Véase del autor, Proyecto de una ética mundial, Trotta, 1991.

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